Confusión en la motivación - Marcelo Schejtman
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Confusión en la motivación

Confusión en la motivación

Empecemos por una buena y una mala. La mala: nadie podría estar más motivado de lo que está. La buena: nadie lo necesita. Hay una confusión en el tema de la motivación que seguirá confundiéndonos siempre que no entendamos cómo funciona esta energía que nos mueve hacia uno u otro camino.

Como todos los términos utilizados al grado del manoseo, el verdadero significado de la motivación también se ha enturbiado tanto que resulta difícil de contenerlo y aprovecharlo.
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Foto de Ascaf

Abraham Maslow es quien mejor lo ha sabido clarificar a través de su estudio de las necesidades de los seres humanos y de cómo las priorizamos. En sus obras y conferencias más renombradas nos explica que siempre todos estamos motivados, así es, escucharon bien. La pregunta es ¿motivados para qué? Pues para saciar nuestras necesidades más urgentes, las que representan el mayor peligro de no satisfacerlas en ese momento; por lo que si estamos abajo del agua estaremos muy motivados para salir a respirar, si no tenemos acceso a comida estaremos muy motivados para comer, si nos está persiguiendo un tigre de bengala, una mujer que no nos gusta, un compañero de clase que nos molesta, estaremos muy motivados para encontrar un escondite.

Hasta ahí vamos bien, pero claro, la motivación a la que normalmente nos referimos es a la que no pretende satisfacer la seguridad, sino la que va en el sentido contrario, en busca de crecimiento y evolución como deportista, padre, artista, ser humano. La que no huye de los riesgos sino la que los persigue, la que no busca el escondite sino la luz del sol. Este tipo de motivación, como la otra, no puede inyectarse desde fuera ni viene solo por una decisión de la persona. No podría invertir mi tiempo y dinero en viajar por el mundo y conocer nuevas culturas, paisajes y sabores, si no resuelvo primero mi miedo a la distancia, o al menos si no consigo aprender a convivir con él. Es decir, la motivación por el desarrollo aparece solo cuando las otras han sido saciadas. Es más, cuando estemos lo suficientemente seguros, no en nuestra infalibilidad sino en la consciencia de nuestras debilidades, la “meta-motivación” (la motivación de alcanzar nuevas alturas) necesariamente va a aparecer.

Quizás la clave en esta reflexión, como en tantas otras, se encuentra en hacer consciencia. En darnos cuenta por qué no nos estamos atreviendo a dar el paso a enfrentar al tigre, a la barrera del equipo rival o a la chica que nos gusta. ¿Qué es lo que nos falta para hacerlo? Darnos cuenta por qué nos atrae más el control remoto de la tele que la cita con el inversionista potencial para nuestra idea. Si seguimos sin la suficiente sensación de seguridad y creemos que un fracaso nos derrumbaría, estaremos obviamente más motivados a quedarnos donde estamos. Sin embargo, si nos damos cuenta que tenemos todo lo que se necesita para conseguir nuestro propósito, e incluso para enfrentar el fracaso pero estar bien, tristes pero bien, decepcionados pero bien (o quizás sea más preciso decir tristes Y bien, decepcionados Y bien) entonces la motivación de avanzar hacia adelante aparecerá y será mayor a la de quedarnos donde estamos. Es decir, cuando estemos (o cuando nos demos cuenta que ya estamos) lo suficientemente seguros con nosotros mismos, es cuando la motivación hacia nuestra evolución nos atraerá e impulsará a dar el paso con la fuerza de la erupción de un volcán que no puede contenerse más.

La pregunta entonces no es cómo motivarnos para hacerlo, sino cómo satisfacer las necesidades de seguridad que no han sido satisfechas ya que eso es lo que se interpone en nuestra motivación por crecer. O en todo caso, cómo de una vez por todas dejar de desear algo de lo que ya tenemos suficiente (seguridad, respeto, auto-estima) y atrevernos a sentir esa otra sed que ahí está y que está esperando ser saciada.

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