Egoísmo
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Egoísmo

Egoísmo

En los procesos grupales, vale la pena trabajar primero los objetivos individuales y luego los del equipo. Porque supongamos que nuestros jugadores tienen la generosidad de la madre Teresa de Calcuta (todos ellos), pero si no están bien consigo mismos, y no tienen en orden sus cosas (sus miedos, sus ilusiones, sus caminos pavimentados o sus zapatos de campo traviesa) no van a poder ayudarle a nadie. Supongamos ahora algo un poco más realista, que no todos son tan generosos, que tenemos los que sí y también los que no. Entonces sería lógico pensar que los que se preocupan por si mismos antes que por los demás, no van a contribuir con el objetivo común a menos que entiendan que eso los acerca al suyo. Y eso está muy bien. Es lo más sano preocuparse por uno mismo antes que por cualquiera. Ojalá todos fueran como ellos y nos enseñaran a priorizar nuestra vida así desde el jardín de infantes, el mundo sería un lugar mejor y nuestros equipos serían más competitivos. Porque así como estos jugadores son implacables en defender sus intereses, son también los que nunca, jamás, ni por medio segundo, negocian el beneficio de su equipo y por eso nos pueden dar justo lo que hace falta para que sus compañeros sean todo lo que pueden ser.  

Ahora, habiendo dicho eso, también hay que decir que algunos se quedan solamente buscando su objetivo individual, sin distinguir a los rivales de los que patean para el mismo arco, sin siquiera darse cuenta que quienes están ahí a su lado, son sus compañeros ; y es entonces donde la ambición que les acerca recursos inspiradores, les empieza a jugar en contra. De ellos admiro profundamente su victoria sobre la culpa, ojalá pudiera aprender de ellos a pensar más en mí, porque no hay manera de evolucionar si uno no se atreve a atenderse y a cuidarse y también eso, como tantas otras cosas, tiene que ver con la valentía. Sin embargo, así como son maestros en el arte de defender su agenda, tienen mucho que aprender en el de generar una que sea sostenible en el tiempo. No se dan cuenta, que el hecho de que los demás estén bien, no es un tema de principios morales, ni de ninguna consigna que suelen decir en tono de hueva; es un tema de estrategia. En otras palabras, estos muchachos no llegan a entender algo tan fundamental como que les conviene que la gente que está alrededor suyo esté bien. 

Entonces el problema no es el egoísmo, sino la miopía. A ver si me explico, hay dos tipos de egoístas. Está el de vuelo corto, que busca sacar ventaja de los demás para un beneficio propio de manera inmediata. Pero como su visión no le da para entender que esto es un juego de equipo (y aquí podría estar hablando de fútbol, o de tenis, o de karate, o de automovilismo, pero siempre es de equipo) y que después de este partido, viene una nueva semana de entrenamiento, tampoco entiende que va a seguir dependiendo de los que hoy se quiere aprovechar. No calcula tampoco que desde esa estrategia en la que solo valora sus avances, de los demás solo recibirá desconfianza, recelo, distancia. Podemos hablar de deporte, de negocios, de política o de lo que queramos, pero siempre vamos a volver al punto de que para que tú alcances tus objetivos, necesitas al menos un poco de colaboración de tu entorno, casi siempre mucha, y va a ser menos probable que la recibas si los que te rodean no tienen qué darte. Entonces si tú eres un factor que los impulsa para que ellos tengan una abundancia de recursos, y así tengan resueltas muchas de sus necesidades, pues mejor para ellos, pero también mejor para ti.  

Por eso también está el egoísta de largo vuelo, el de vista de águila, el inteligente, que, como entiende que necesita de los demás para llegar más lejos, coopera con ellos todo lo que puede, defiende sus propios intereses al mismo tiempo que contribuye a que sus compañeros satisfagan los suyos, y entonces suma su parte para que ellos tengan con qué ser recíprocos con él, y como valor agregado les da razones genuinas para que también quieran brindarle cooperación, calidez, pases de gol. 

Hay una estrategia que Robert Axelrod comprobó en su libro “La evolución de la cooperación”, que él mismo llamó “Tit for tat” o “Dando y dando”, que prueba dos cosas muy claras. La primera es que si nuestra estrategia es colaborar siempre, incluso con quienes se empeñan en sacar ventaja a costa de nosotros, nos va a ir mal. Si eres uno de esos que piensa que va a llegar muy lejos respondiendo con flores a los que de manera sistemática te tiran piedrazos, más te vale que reconsideres tu estrategia. Con esos es importante saber defenderse y mandar uno que otro mensaje no amistoso, de otra manera nunca van a entender que les conviene dejar de maltratarte. Y la segunda es que si somos nosotros quienes nos empeñamos en aprovechar cada oportunidad para sacar ventaja por sobre nuestros clientes, socios, proveedores, compañeros, profes, jugadores, directivos, quizás nos sirva a corto plazo, pero eventualmente quedarán pocos que quieran ser parte en una dinámica en la que todos pierden menos tú.  

Si hay algo que repetimos en el mundo del desarrollo humano, desde Epicteto hasta Tal Ben Shahar, es que hay cosas que podemos controlar y cosas que no. Por más que seas un ejemplo de disciplina, entrega, compañerismo, buen desempeño y la claves en el ángulo cada vez que la tocas, si juegas de titular o no, es decisión del profe, no tuya. Lo mismo con tus compañeros y la gente que te rodea, siempre van a ser ellos los que decidan por ellos, y si su decisión es no colaborar contigo, que así sea, tú tendrás que tomar las tuyas. Habiendo dicho eso, si bien no podemos decidir por los demás, hay muchas cosas que podemos hacer para influenciar esas decisiones que no nos pertenecen y aumentar las probabilidades de que se decanten a nuestro favor. Por ejemplo, si estás siempre listo para devolver una pared, será más probable que te la devuelvan a ti cuando llegue el momento, y para acercarte a tus metas eso a ti te conviene. Si, por el contrario, siempre tratas de ser tú el protagonista, incluso cuando le corresponde al otro, va a ser difícil que él te tire el pase de gol cuando hagas un gran movimiento de desmarque, y eso, para tus metas no te conviene. No sé si me sigues… 

El Dalai Lama, lo explica así de claro, abro comillas: 

“Sé egoísta. Somos seres humanos y, por naturaleza, todos los seres sintientes somos egoístas. Por lo tanto, ser egoísta está bien. Tener el máximo cuidado de uno mismo está bien. Las personas que se odian a sí mismas no pueden desarrollar compasión hacia los demás. Entonces el amor a uno mismo es la base para extender el amor a los demás, eso es compasión. Entonces somos egoístas, pero deberíamos ser sabiamente egoístas en lugar de tontamente egoístas. A menudo una mente demasiado cerrada y egoísta es auto destructiva. Entonces si de verdad te amas a ti mismo deberías usar tu inteligencia adecuadamente.” 

Cierro comillas. Es decir, y esto ya en mis palabras, que si quieres colaborar para que tu equipo sea una cosa más sólida, más robusta, más contundente, porque amas a tus compañeros… o si les ayudas para que crezcan, mejoren, evolucionen, porque crees que se lo merecen, será muy noble de tu parte y eso suma enormidades, pero no es el punto. Aquí el tema es que cuanto más lo hagas, más probable será que ellos tengan con qué comportarse así contigo y además quieran hacerlo.