21 Ene Más rápido de lo previsto
Sabíamos todos que la historia iba a poner en su lugar a los que justificaban al terrorismo de Hamas. Lo que nunca me imaginé es que lo iba a hacer tan rápido, de manera tan irrefutable y que quienes en realidad lo harían iban a ser ellos mismos. Cuando calificaban de genocidio a la guerra en Gaza, se aprovechaban de un término que implica acciones ante las que cualquier persona sensata condenaría. No hacía falta distorsionar la realidad para que, los que tuvieran un poco de pensamiento crítico, se manifestaran en contra de las políticas de ocupación israelí, y de muchas tácticas de guerra que resultaron inútiles para rescatar a los secuestrados.
Ahora bien, el tiempo tiene la mala costumbre de no detenerse y lo que en un momento está latente al siguiente se manifiesta. Pasa en la naturaleza y también en los fenómenos sociales. Cuando denunciaban violaciones de derechos humanos al pueblo palestino, quienes evitábamos la dinámica infantil de que de un lado todos son los malos y del otro son todos buenos, buscábamos una contraparte para descifrar en conjunto una realidad tan terrible. Pensaba, y pienso, que no debo descartar argumentos solo porque soy judío y amo a Israel. Y quienes justo a partir del 7 de octubre adoptaron como propia la causa palestina, y comenzaron a postear que “lo relevante es que mueren civiles, que no importa la complejidad del contexto, que cualquier injusticia se debe denunciar, que ¿cómo me puedo mirar al espejo si no digo nada ante tantas muertes?”, contaban con argumentos en sí mismo importantes.
Pero ¿qué pasa cuando ese argumento se usa en el caso A, pero en el caso B no? Es decir, ¿cuánto valor tiene si viene de una persona que, ante una injusticia al menos tan grave como la que condena, decide callar?
¿Qué nos dice eso de esa persona?
No es que el argumento se derrumbe, sin duda cualquier injusticia debe denunciarse. Lo que cae como una bola de boliche desde un séptimo piso, es la legitimidad de la persona que lo usó. El que dice que un ejército como el israelí, debe responsabilizarse por las muertes de civiles de la población que ataca, tiene razón. Punto. Pero si esa misma persona, que es tan determinante en ese argumento, ante una crisis como la iraní, con miles de civiles masacrados, no dice nada, queda en una posición de incongruencia pocas veces vista. Y entonces no se entiende qué busca en realidad, o cuál es su verdadera lucha. ¿La defensa de los derechos humanos, de la democracia, de las mujeres? Evidentemente cualquiera de esas posibilidades se descarta; han sido ellos mismos quienes han desarmado su narrativa de la manera más contundente con un silencio que tristemente ya conocemos muy bien.
Para postergar un poco más el derrumbe total de su discurso, solo tenían que condenar lo que sería imposible no condenar para cualquiera con al menos un poco de pudor intelectual. Sin entrar a ideologías, solo tenían que decir “estamos en contra de cualquier régimen que maltrata civiles”. ¡Fíjense qué barato les salía! Solo tenían que decir que “un régimen como el que Maduro lideraba en Venezuela, robándose elecciones y condenando a su propio pueblo a la miseria y al exilio, está mal”. Solo tenían que decir que “la autocracia islamista que asesina a sus propias mujeres y que les prohíbe hasta pensar, es algo feo”. Al menos una nota al margen. Pero no han podido.
Al decidir de manera tan deliberada no marchar, no pronunciarse, no comentar nada acerca de injusticias tan terribles como las mencionadas, y tampoco como las de Siria, Yemen, Ucrania, Sudán, el Congo, Myanmar, Afganistán… y tampoco como la del 7 de octubre, entre otros cientos de atentados terroristas a civiles, se exhiben en toda su inagotable incongruencia.
No creo que todos ellos sean antisemitas, pero sí que son prisioneros de dogmas anacrónicos que les impiden ver hasta lo más evidente, estudiar (al menos un poco) acerca de lo que opinan y desmenuzar la realidad. Y lo ya incuestionable es tanto su incompetencia para defender lo que dicen defender, como su inagotable capacidad de mostrarle al mundo todo lo que no son.