Por nuestra identidad
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Por nuestra identidad

Por nuestra identidad

Este es uno de los textos que más me ha dolido escribir en toda mi vida.

El mundo no ha tenido muchos líderes a la altura de los nuestros, que por dos mil años mantuvieron vivo a nuestro a pueblo, algunos desde el exilio, algunos sin abandonar nuestra tierra ancestral. Todos enfrentando adversidades que otros pueblos también enfrentaron, pero que ningún otro pudo sobrevivir. Esos líderes son los gigantes a quienes les debemos que Israel exista y que hoy estemos vivos. Ni más ni menos. Y si bien nuestro éxito se debe a una infinidad de factores, si pudiéramos destacar uno clave para nuestra supervivencia y luego para nuestro renacimiento nacional, sería la claridad de nuestra identidad. Nada ha sido más sagrado que la vida, nada más valioso que la justicia, nada más anhelado que la paz. Es desde ahí que a pesar de tanto, hemos sido la luz entre las naciones.

Pero la dirigencia israelí actual tiene una desorientación moral que me desconcierta. Se pueden discutir estrategias militares y proyectos de nación, pero cuando ya se confunde algo tan básico como la identidad desde la que actuamos, es un problema mayor.

Honestamente no sé hasta qué punto la crisis humanitaria en Gaza es como la cuentan los medios internacionales, ya que solo tienen acceso a lo que manda Hamas, o algunos periodistas que han caído en la trampa de que de un lado son todos buenos y del otro todos malos. Cuando lo hacen, caen en la irresponsabilidad de abanderar una narrativa sobre-simplificada y se vuelven agentes de la mentira. Por ejemplo, cuando publican fotos de niños desnutridos, presentándolos como evidencia de la crueldad de Israel, y luego se comprueba que en realidad algunos de esos niños sufren de enfermedades genéticas que nada tienen que ver con la guerra.

El tema es que a esta altura tampoco les termino de creer a las autoridades israelíes que plantean la terrible realidad en Gaza como algo que no es tan grave y que solo es culpa del Hamas. Las imágenes ya son contundentes, el discurso de la coalición del Gobierno también. Nada me es más decepcionante que el país que tanto me ha enorgullecido hoy sea conducido desde valores tan lejanos a los míos. Tan distantes de los suyos.

La realidad es compleja, y quien justo tras el 7 de octubre se haya acordado de gritar “free Palestine” para mí no es menos que un irresponsable. La libertad por la que han marchado les ha dado fuerza al Hamas y al régimen islámico de Irán. Ni se diga de “from the river to the sea” cuya promesa, en este contexto, solo vislumbra muerte, sufrimiento y la perpetuación de una realidad oscura no solo para Israel, sino para las mujeres (y hombres) de todo el medio oriente y el mayor obstáculo posible para la libertad también de los palestinos.

Sin embargo tampoco es tan compleja como para que no podamos reconocer que hay cosas que son inaceptables, en especial para un pueblo que ha sufrido tanto como el nuestro. Decisiones que se han tomado y que no reflejan quiénes somos. Yo, como la enorme mayoría de judíos del mundo, hemos crecido con un amor a Israel que nada va a mover ni medio centímetro. Eso no quiere decir que no podamos ser críticos con algunos aspectos de la gestión de esta guerra. Primero obviamente con la desatención previa al 7 de octubre, luego con la gestión durante la crisis de ese día y ahora, casi dos años después, con todo lo que no acerca a nuestros secuestrados a sus casas, lo que mantiene a nuestros soldados en territorio enemigo y también lo que genera muerte y sufrimiento masivo de todo un pueblo, sin distinguir terroristas de quienes no lo son.

Es en los momentos más oscuros de nuestra historia que nuestra identidad nos ha alumbrado el camino. En los más bajos que hemos respondido desde las alturas. Pero si nuestro pueblo que es el del libro y las leyes, el de la justicia y la memoria, hoy confunde defensa con venganza, seguridad con oportunismo, e identidad solo con fuerza, podríamos volvernos más frágiles que nunca. Ser menos nosotros que nunca.

Sí, Hamas decide usar a sus niños como escudos humanos. Y sí, Israel no tiene alternativa más que combatir a los terroristas, y eso genera muerte de inocentes.

Sí, lo último que a Hamas le interesa es la libertad de su pueblo; lo que quiere es un califato islamista que viene con una cosmovisión machista, clasista y corrupta como ninguna otra. No solo eso, Hamás está dispuesto a retener a los cincuenta israelíes que siguen secuestrados, y sacrificar a cuantos civiles palestinos sea necesario, en tanto también mueran tantos judíos como les sea posible.

Y sí, es en esa realidad terrible, que ningún otro pueblo del mundo enfrenta, que Israel, a través de sus líderes, podría hacerlo mejor. Que debe SER mejor.

Para los muertos del 7 de octubre y para los israelíes y palestinos que murieron por la falta de líderes a la altura de la circunstancias, ya es demasiado tarde. Para los que continúan secuestrados, y los que creemos que a pesar de todo, a ambos lados de la frontera, la paz y la dignidad son posibles, rezo porque todavía estemos a tiempo.