También el 7 de octubre
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También el 7 de octubre

También el 7 de octubre

Ya pasó el mes de octubre, con todo y su día 7.

Una fecha más que, como el 11 de septiembre en Estados Unidos, el 11 de marzo en España, el 24 de  marzo y el 18 de julio en Argentina, el 2 de octubre en México, y tantas otras, cada año que pasa, va a remitirnos al dolor, y solo al dolor.

Israel, quien ha sido mi mayor fuente de orgullo, de la de todo mi pueblo en los últimos cien años, y su aspiración más profunda en los últimos dos mil, a doce meses del peor ataque que ha sufrido en su historia, no lo ha hecho bien.

Con la estrategia implementada, estas son algunas de las consecuencias.

En Israel:

Casi la mitad de los secuestrados siguen secuestrados, el norte está más en llamas que nunca, el sur sigue destruido, hay más desplazados que en toda la historia del Estado y las fracturas de identidad se han profundizado como nunca.

Con los palestinos:

Ha causado la muerte de miles de civiles y una nueva generación ha corroborado en carne propia que el enemigo sí es Israel.

Y con el mundo:

Lo que era una oportunidad de generar respaldo, se tornó en una mirada de condena. Una parte de la misma, justificada. Occidente, desde su faceta más sensata, entiende que si la muerte de un civil es demasiado, primero los israelíes y después la cantidad de palestinos que han muerto en el camino, es ya injustificable.

Pero pasemos ahora a la proporción más grande y ruidosa, la no sensata. El mundo “imparcial”, se ha llenado la boca de palabras como “genocidio”, “fuerza ocupante”, incluso con el descaro de llamar “combatientes” a quienes violaron en grupo a chicas inocentes y mutilaron en vida a niños en sus casas. Como en una historia kafkiana, en la que los personajes señalan algo que ahí no está y lo comentan y lo describen.

Condenan con justa razón una ofensiva militar avasallante, que se ha cargado con las vidas de miles de civiles, pero van omitiendo en el camino piezas cruciales del rompecabezas. La guerra es un invento terrible de la especie humana y el manejo de Israel en este caso, al mando de una persona como Netanyahu, con más conflictos de intereses que poros en la piel, ha sido terrible. Para liberar a los secuestrados y para desmantelar al Hamas, la estrategia ha fracasado. Ni se diga para el fin mayor de vivir en paz y seguridad. El problema, sin embargo, no es la crítica a una estrategia bélica, ni siquiera a crímenes de guerra que se tienen que investigar y castigar. El problema es que el mundo se tornó en contra de Israel incluso antes de que el Gobierno lograra hacer nada.

Una pequeña muestra de entre tanta desinformación, es la portada del diario La Jornada de México, cuyo título del 7 de octubre del 2024, reza “Un año de genocidio palestino”. Cuando en realidad, la respuesta militar israelí, a la que aluden de manera tergiversada, como tantos más, comenzó varias semanas después de la masacre de israelíes del 7 de octubre del 2023. De esas víctimas, ni una palabra. A ellas y a ellos, solo su olvido.

No es un detalle que también omitan la relación de las motivaciones de unos con las de los otros. La intención del contraataque israelí es desmantelar a una organización como Hamas, que ha demostrado estar a la altura moral de las más viles ideologías y organismos asesinos de la historia, tanto por los niveles de violencia extrema, como por el cinismo con el que usa a su propia población palestina de escudo humano. Las intenciones de Hamas, públicas, abiertas, y además congruentes con todos sus actos, es exterminar al pueblo judío, y lo ha intentado por todos los caminos posibles. Ha asesinado civiles de a cientos, no como una manera de liberarse, de redimirse, o de cualquier otra justificación nacional que amerite el debate, sino con el objetivo de matar a esos civiles, si se puede con tortura mediante, si da el tiempo con violencia sexual. Y si la incompetencia de los líderes israelíes lo permite, secuestrando los cuerpos asesinados para exhibirlos, presumirlos, mutilarlos, celebrarlos. Los civiles israelíes que fueron asesinados por Hamas el 7 de octubre del 2023, y antes y después, no son el resultado de una estrategia que se salió de control, un daño colateral, una torpeza operativa, ni siquiera un medio cruel para justificar un fin mayor, sino la materialización misma de su objetivo.

No se puede hacer ningún tipo de análisis de esta guerra sin incluir aquellas motivaciones de Hamas, que, si pudiera, las ejecutaría también a todo occidente. Pero tenemos que sumar la absoluta represión a su propio pueblo. Aplastando a cualquier disidencia palestina, en especial la que sugiera alguna iniciativa de liberación nacional, de democratización, de prosperidad, o cualquier proyecto popular que no sea fundamentalista religioso. Nada se puede entender tampoco sin el respaldo ideológico, económico y militar de la República Islámica de Irán, la misma que cuenta con una “Policía de la moral” para detener y acribillar mujeres que no se alineen a nada que no sea la shaariya. Es justamente Irán, el titiritero mayor, con todas sus políticas criminales hacia su propio pueblo, al que defienden los que gritan “Free Palestine” en este contexto, y no a nada que se parezca a la libertad del pueblo palestino. Quien intenta simplificar esta guerra como si fuera un cuento infantil de los débiles contra los fuertes, no solo desaprovecha la oportunidad de entender nada, sino que queda exhibido ya sea en su antisemitismo o en su ineptitud.

A un año del 7 de octubre, con los resultados a la vista de todos, no voy a ser yo quien defienda la estrategia adoptada por este Gobierno israelí. Pero lo que sí voy a hacer es manifestarme en pro del derecho de Israel a existir. El suyo es el mío. Me manifiesto también en pro del derecho del pueblo palestino de vivir dignamente y en libertad. Un pueblo junto al otro, entendiendo ambos que la paz con el vecinio es el requisito indispensable para la suya propia.

Y si tú estás leyendo este texto, seas judío o no, te deseo que tú tampoco consientas que alguien insinúe que tu existencia es una injusticia con nadie. Nada de lo que está mal en este mundo tiene que ver con la identidad de nadie. Y todo lo que está bien, en algún punto pasa por la valentía de ver las cosas como son.